Superando Dificultades

La transición de Otoño a Invierno da paso a la época de reflexión, reconocimiento y aceptación a medida que el año llega a su fin. Un momento necesario para reflexionar sobre todo lo acontecido y determinar lo que nos acompañara al nuevo año. El 2017 definitivamente fue un año inolvidable que me obligó a dar un paso hacia atrás para realmente vivir todos los eventos y procesar cada detalle. Varias situaciones afectaron mi vida simultáneamente y todas necesitaban mi atención inmediata. No tuve opción de ignorar o colocar en pausa, sino experimentarlo de frente. Reconozco que a veces evito lidiar con una situación pero esto simplemente prolonga el problema. Estoy trabajando para eliminar este mal hábito de mi vida porque la postergación solo retrasa todo el proceso de crecimiento.

Quiero compartir mi experiencia con ustedes para que te sientas animada en vivir esas situaciones difíciles.  Las situaciones más difíciles te tienden a tomar por sorpresa pero realmente son igual de difícil cuando sabes que están de camino.  No hay manera de prepararte, siempre nos van a impactar.  Tal vez de manera diferente, pero siempre impactan.  Aprendí que es importante reconocer el progreso que has logrado, independientemente de lo pequeño que sea porque cada paso que das te ayuda a sobrepasar.  Recuerda aceptarte y darte clemencia por encima de todo durante esas temporadas difíciles.  Todo es pasajero pero es complicado verlo cuando estás atravesando un momento oscuro.

He tomado un tiempo para concentrarme en mi vida en vez de vivir en negación por lo que he estado fuera del blog y las redes sociales. Este receso fue imprescindible para mi bienestar mental, emocional y físico. Mi creatividad se detuvo por completo y tuve que darle espacio a este lapso. Actualmente todavía estoy procesando muchas emociones, pero he reconocido que enfrentarlas es la mejor manera de hacerlo.

Nunca olvidaré el momento que supe que el huracán Irme estaba de camino a Puerto Rico.  Estaba disfrutando un delicioso gelato en la hermosa ciudad de Taormina.Una llamada de rutina a mi familia en Puerto Rico me sorprendió por completo. Estaba navegando por el Mediterráneo, disfrutando las vacaciones de mis sueños pero no podía dejar de pensar lo que Puerto Rico tendría que enfrentar.  Tremendo reality check sin poder hacer nada al respecto especialmente en un crucero donde la información del exterior no fluye.  La belleza de un crucero es que estás desconectado del mundo pero también podría ser una carga demasiado grande cuando hay una situación así de emergencia. La única fuente de noticias disponible fue a través de un canal de tv, que solamente se enfocó en Florida y dedicaron el mínimo a Puerto Rico. Una y otra vez, transmitían desde una ferretería o supermercado para mostrar las personas que compraban suministros de última hora en Florida sin cubrir el Caribe, que experimentaría la magnitud del huracán Irma antes de que llegue a EE. UU.

Gracias a Dios, nuestras familias estaban bien porque solo experimentaron daños menores a sus propiedades mientras otros en Puerto Rico sufrieron pérdidas más serias. Que alivio recibir buenas noticias que me permitió disfrutar el resto de mis vacaciones y experimentar la belleza de España sin preocupación alguna. Vale confesar que me enamoré perdidamente de Barcelona. Su majestuosa arquitectura, su vibrante escena artística y personalidad cautivó mi atención por completo hasta que llegó el momento de regresar a los Estados Unidos donde nos encontramos nuevamente con noticias desgarradoras. Lamentablemente el alivio no duró mucho tiempo porque otro huracán se dirigía a Puerto Rico y este sería devastador.  María iba a terminar lo que Irma había comenzado.

Mi corazón siempre vivirá en Puerto Rico aunque ahora resido en los Estados Unidos. No hay forma de describir la cantidad de emociones que experimente, igual que los otros puertorriqueños que viven en el exterior, sentí como mi corazón se desgarró lentamente. Saber que Puerto Rico se enfrentaría a un huracán masivo que era más grande que la isla me tenía paralizada. La sensación de impotencia y desesperación me abrumaron y fui prisionera de la angustia mientras esperé que el huracán María azotara a Puerto Rico. Estuve atrapada en un círculo vicioso de oración, navegando por el internet en busca de cualquier actualización, escuchando la radio local y comiendo sin cesar. Prácticamente viví pegada a mi computadora.

La peor parte de todo fue una vez que el huracán había salido de Puerto Rico porque no había forma de contactar a mi familia y amigos para asegurarme de que estuvieran bien. María derribó todas las antenas de telecomunicaciones por lo que no había forma de comunicarse con nadie en la isla y ni siquiera podían comunicarse entre sí. Esta fue la lucha que tuvieron que enfrentar todos los puertorriqueños que viven en el exterior. Nos consolamos mutuamente lo mejor que pudimos cuando las imágenes iniciales de la destrucción se filtraron a través de las redes sociales y las noticias porque lo último que podíamos perder era la esperanza.  Eso es lo último que debe perderse en cualquier situación.

Realmente estoy consiente de que fui muy afortunada ante todo esta situación porque pude tener contacto con mi familia y amistades desde el principio.  A pesar de esto también tengo que admitir que definitivamente es difícil saber que aún hay personas experimentando dificultades a diario.   Las cosas más sencillas que damos por sentado y no pensamos dos veces se han convertido en lujos para muchos en Puerto Rico.  La electricidad, el agua potable, la gasolina, una comida caliente, un celular con señal o hasta el fácil acceso para recibir atención médica son solo algunas de las cosas en las que no pensamos dos veces.  Es increíble como no le damos mayor pensamiento a las cosas hasta que no las tenemos.

El huracán Maria fue el peor huracán que Puerto Rico ha sufrido en casi un siglo.  Millones de personas sintieron las ráfagas de su castigo quedándose sin los servicios básicos que todos acostumbramos a usar a diario. También tuvieron que lidiar con inundaciones, puentes derrumbados y la limitación de gasolina para mover sus vehículos.  No puedo imaginar lo desesperación de no tener que comer y tampoco la gasolina para salir a buscar algo. Las diferentes industrias de la isla fueron llevadas a los tiempos prehistóricos que tardará años en reconstruirlas a lo que un día fueron.  De todas las industrias que sufrieron, la del café es la que más extrañare porque mi café favorito se produce en Puerto Rico.  Los expertos dicen que tardará al menos 3 años en poder cosechar algo de café nuevamente.

Si hay algo que lo que nos debemos enfocar siempre definitivamente es importante ver el lado positivo de todo.  Esta situación ha provocado conversaciones que estaban pendientes desde hace mucho tiempo.  El huracán Maria ha educado al mundo sobre la situación difícil que Puerto Rico ha tenido que soportar desde que se convirtió en territorio de los Estados Unidos.  Donde a pesar de tener la ciudadanía estadounidense, pagar impuestos y contribuir a los Estados Unidos, son olvidados y tratados injustamente.

El gobierno federal no ha tomado esta crisis humanitaria con la seriedad que merece. Todos sabían que venía, pero no se hizo nada para prepararse. La mayor ventaja de un huracán, una tormenta como esta, es que puedes monitorear su trayectoria, hacer los preparativos necesarios y construir proyecciones. Aún así la ayuda no estaba disponible. No se implementó un plan de contingencia. Estoy clara que Puerto Rico es una isla (shocker) que presenta retos pero se tenía  haber implementado un plan. La ineficiencia del gobierno federal, las cargas económicas, los grilletes colocados en el gobierno local y la crisis financiera han causado un éxodo masivo. Muchos han elegido sobrevivir en otros lugares porque esa es la única opción que tienen. La cantidad de empleos perdidos, familias obligadas a emigrar a los Estados Unidos y los estudiantes que se movieron para continuar su educación es alarmante.

Hoy, el sufrimiento continúa arrastrándose lentamente. Más de la mitad de la población todavía no tiene electricidad, el agua potable es limitada y está lejos de estar limpia, mientras que los artículos básicos todavía están escasos. La mayoría de mi familia no tiene electricidad en este momento porque las líneas eléctricas que se han restaurado están experimentando un servicio intermitente. Estas líneas eléctricas no pueden soportar la carga de una infraestructura que colapso.  No hay may opción que reparar y reconstruir lentamente al mismo tiempo. La capacidad de moverse por la isla es muy difícil teniendo en cuenta la gran cantidad de tráfico debido a la escasez de electricidad en los semáforos. Por otro lado, los precios de todo se han disparado, lo que ha dificultado la adquisición de artículos básicos y que las empresas pequeñas operen a una capacidad normal. La angustia que sienten las personas en Puerto Rico es algo que no soy capaz de comprender, pero les aseguro que la impotencia con la que he luchado me ha consumido.

El pueblo de Puerto Rico ha buscado la manera de ser fuerte para no le queda de otra. Se han mantenido unidos durante este tiempo difícil.  Es increíble ver como han brillado a lo largo de esta gran prueba que han tenido que afrontar.  Una palabra amable, una sonrisa y extender la mano son solo algunas de las cualidades que distinguen a los boricuas dentro y fuera de la isla. Estoy orgullosa de haber nacido en Puerto Rico y pertenecer a una isla que brillará ante la adversidad.  Todo esto me ha recordado que aunque enfrentamos momentos difíciles nunca podemos perder de perspectiva que todo es pasajero. Tenemos que reconocer que que somos lo suficientemente fuertes para soportar la tormenta y saber que el sol siempre brillará después de la tormenta. Estoy lista para lo que venga en el 2018.

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